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La
Antigua y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús
Nazareno, Virgen María del Monte Carmelo, Dulce Nombre de Jesús y
María Santísima de los Dolores, tal y como la conocemos en la
actualidad, conforma el resultado histórico de la unión de dos
hermandades que se fundaron casi en una misma época y que formaron
hasta el año 1966 dos corporaciones totalmente independientes. El
devenir de los acontecimientos históricos, dentro del seno de cada
una de ellas, propiciaron la decisión de fusionarse en una sola,
aunque manteniendo las señas de identidad que habían hecho posible
el que,
prácticamente cuatro siglos después de sus fundaciones, aun
permanecieran existiendo y formando parte importante de la vida
parroquial y social de Escacena del Campo. Las hermandades en
una población pequeña, como es la nuestra, están tan íntimamente
relacionadas con la vida espiritual e incluso cotidiana de toda la
población, que se encuentran ligadas, sin solución, con el diario
transcurrir y quehacer de los parroquianos. Y las hermandades que
sirven de origen a la nuestra, son un claro ejemplo de ello; la
devoción que se profesa a nuestros Titulares alcanza a constituir un
foco de fervor al que acuden no tan solo los hermanos, sino mas bien
podríamos afirmar sin temor a errar, toda la población, que siente,
por la tradición
religiosa recibida, por el entendimiento en Su contemplación
o por razones que escapan de ser enumeradas, como, justo en el
centro de una sociedad que aviva a sus miembros a la comodidad de
una secularización de espaldas a la Fuente de nuestra existencia,
sigue manteniéndose encendida la luz que crearon nuestros
antepasados, en forma de hermandad, y que desde ella se continúa
trabajando para que a través de la reflexión y el
entendimiento de la Pasión de Cristo y los Dolores de su
Santa Madre, alcancemos a formar parte de los nuevos cristianos de
los que habla la nueva evangelización, preconizada por nuestra Santa
Madre la Iglesia.
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Imagen del actual Nazareno
de la Hermandad. |
Pero,
atendiendo a la línea general que ha de guiar esta reseña,
comencemos por enunciar, en un principio de manera separada, hasta
llegar a su unión,
un breve resumen histórico de las hermandades que hicieron
posible la nuestra.
La
antigua Hermandad, del Dulce Nombre de Jesús, fue fundada entre los
años 1571 a 1580 por el Arzobispo D. Cristóbal de Rojas y Sandoval.
La razón de no conocer con exactitud la erección canónica inicial de
la misma se debe a la falta, por el momento, del hallazgo de ese
documento, aunque se sabe del mismo mediante la atenta lectura de un
testimonio fechado el 2 de diciembre de 1783, otorgado por el
escribano de Escacena del Campo, Don Francisco Martínez y Salazar,
en el cual, al reproducir las reglas aprobadas a la hermandad en el
año de 1629 por el Arzobispo D. Diego de Guzmán, se hace referencia
a la erección de la misma por el antedicho Arzobispo De Rojas y
Sandoval, cuando lo fue de Sevilla y, al hallarse el mismo en
posesión de su cargo entre los años de 1571 a 1781, es del todo
probable que fuese en ese intervalo de tiempo cuando se erigiese la
hermandad. La misma quedó establecida desde sus orígenes en la
Iglesia del Sr. San Salvador de esta villa de Escacena del Campo.
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Nuestra Señora de los
Dolores procesiona con el Nazareno la madrugada
del Viernes Santo |
Algunos años
después, en 1.637, se funda la Cofradía de Jesús Nazareno y de la
Virgen María del Monte Carmelo, la cual se establece en el Convento
de Padres Carmelitas de la Primitiva Observancia de esta villa, bajo
licencia del Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Gaspar de Borja y
Velasco. Sin embargo y a pesar de haberse tenido la oportunidad de
refutar verbalmente el acontecimiento que nos ocupa con
historiadores de la Orden del Carmen, aun no se halla en poder de la
Hermandad al menos una copia del documento original de la erección,
aunque es indudable la certeza documental de los archivos
carmelitanos.
Aquellos
primeros cofrades de esta Hermandad, impregnados de la
espiritualidad de los religiosos del Carmen, juntaron el título de
la Virgen del Monte Carmelo al de Jesús Nazareno para ganar las
gracias y favores del Santo Escapulario Carmelitano y perpetuar así,
la obra apostólica de estos religiosos en nuestro pueblo.
El
Padre Juan de las Ruelas, a la sazón Prior del Convento de Nuestra
Señora de Luna, que así se llamó el referido anteriormente, en su
libro "Hermosura corporal de la Madre de Dios", Sevilla de 1.621 y
del cual se conserva una copia en la Biblioteca Colombina de
Sevilla, decía que el primitivo Convento de Carmelitas de Escacena,
fundado en 1.416, en la Ermita de Ntra. Sra. de Luna, que se hallaba
en el lugar denominado "Prado de Luna", estaba separado del pueblo
por la misma distancia que mediaba entre la Casa de Pilatos y el
Gólgota. Ante el conocimiento de este hecho, los frailes Carmelitas
instauraron lo que luego llegó a ser una piadosa tradición, "El
camino de la cruz”, que cobró gran fuerza devocional entre los
vecinos, siendo mucha la gente de toda la comarca que con fervor y
sentimiento religioso, andaba esta senda, del pueblo al convento,
todos los viernes del año y principalmente los de Cuaresma.
La
existencia de este "Vía Crucis", es un hecho, que sin duda alguna,
fue una de las causas que propició la creación de la Hermandad,
sobre todo al observar que la erección de la misma ocurre dos años
antes del traslado definitivo de los frailes al nuevo Convento y
Santuario del pueblo, que estuvo ubicado en la calle Manzanilla,
donde a buen seguro, quedó establecida la Cofradía desde su inicio,
siendo en el año de 1.639 cuando los religiosos del Carmen se
establecen definitivamente en su nuevo hogar, como lo demuestra el
hecho de que las obras se concluyeron el 31 de Julio de ese mismo
año, siendo Prior el R.P. Fray Jacinto del Castillo, quien bendijo
la Iglesia dedicándola a la Virgen de Luna.
Pues
teniendo en cuenta todo esto, lo cierto es que la creación de la
Cofradía ocurre en la encrucijada histórica del traslado de los
frailes al pueblo; quizás porque estos, conscientes de que al quedar
deshabitado el primitivo convento y ermita, vendría a menos hasta
desaparecer, el piadoso ejercicio de aquel Vía Crucis; y alertados
por esta circunstancia, infundieron entre los más devotos la idea de
la creación de una hermandad que en cierto modo perpetuase entre los
fieles aquella devota y fervorosa tradición, y que tendría como fin
primordial la contemplación del misterio pasional de "El camino de
la cruz".
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Conjunto escultórico de la
Hermandad. |
A mediados del
siglo XVIII, cuando se propaga con especial auge la devoción a la
Virgen de los Dolores, en gran parte impulsada por la rica doctrina
espiritual de la Venerable Orden Tercera de Servitas,
focalizada en la Iglesia de San Marcos de Sevilla y expandida
también por la provincia de Huelva, ésta Hermandad se deja influir
por la devoción popular de la época, quedando impregnada de este
influjo y sumándose a dicha devoción con la adquisición de esta
nueva y piadosa advocación mariana, sin que por ello se diese
vinculación alguna con la mencionada Orden Servita.
La cofradía entonces representaba bajo palio a una Imágen de
María Santísima de los Dolores, cuyo autor se desconoce,
desaparecida en los sucesos de la guerra civil y acompañada por una
imagen de San Juan, que corrió la misma suerte y de la que tampoco
se conoce su autoría.
Tras
la exclaustración de los Carmelitas, acaecida a mediados del siglo
XIX, la Hermandad tuvo que abandonar el Convento y establecerse en
la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, sede que conserva hasta
nuestros días, ocupando capilla en dicho templo, ubicada en la nave
de la Epístola del mismo.
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Imagen del Dulce Nombre.
Procede de la fusión con esta Hermandad a
finales de los 60. |
Antaño,
la Cofradía representaba en la calle un gran “auto de fe" que se
componía de diversas escenas como lo eran: “El Sermón de la
Sentencia” proclamado por un religioso antes de la salida
penitencial; la representación de las “Cajas", que consistía en que
varios penitentes provistos de trompetas y tambores, recorrían las
calles durante la madrugada del Viernes Santo, en las horas previas
a la salida penitencial, para mantener a la población en vela en la
noche de pasión; “Las caídas de Jesús en el camino del Calvario",
que se representaban mediante la inclinación de la parte delantera
del paso, por tres veces, a lo largo del recorrido; y el Encuentro
de Jesús con su Madre en la Vía-Dolorosa, que se llevaba a cabo en
la Plaza del Ayuntamiento, y donde a la vez se celebraba el Sermón,
conocido popularmente como “de la plaza”. Actualmente sólo se
conservan estos dos últimos actos, "el encuentro" y "el sermón".
Sin
duda alguna, toda esta escenografía que la Cofradía atesoraba, eran
la reminiscencia de un gran auto de fe, que a buen seguro, tendría
mucho que ver con la influencia y la enseñanza de los Carmelitas,
que se esforzaron en catequizar al pueblo mediante la plasticidad de
las escenas pasionales, muy en consonancia con la pastoral de
aquellas épocas de los siglos XVI y XVII, emanada del Concilio de
Trento, y que en nuestro caso se continuó celebrando en las
centurias posteriores.
A
finales de la década 1920-1930, la devota Sra. Dª María Josefa
Muñoz Pichardo, otorgó un testamento en el que se legaba a
la hermandad una dote para que no faltase el Septenario a María
Stma. de los Dolores.
En
1.942, se reorganiza la Cofradía que había quedado en gran estado de
postergación, tras la destrucción de sus Imágenes y enseres por los
sucesos de la Guerra Civil. En esta reactivación jugó un importante
papel, la labor de animación que llevó a cabo, entre los hermanos,
el incansable Párroco D. Alberto Díaz García y la
devota Sra. Dª María del Carmen Herezuelo Román, la
cual costeó de su propio peculio, la nueva Imagen de Ntro. Padre
Jesús, que ella misma había encargado al escultor D. Agustín
Sánchez-Cid. Dicha Imagen vino a sustituir a la que hasta su
desaparición había sido foco de veneración incesante en Escacena,
atribuida al circulo de “La Roldana”. Y, desde la llegada a la
población de la nueva Imágen, se cumplió sobradamente las
expectativas del encargo, convirtiéndose en el centro de la devoción
pasionista de Escacena, mitigando con la dulzura de su mirada la
dureza de una vida por aquél entonces difícil y amasando con su
zancada recta y segura, el camino que ha hecho posible a cientos de
escaceneros, durante generaciones, el encontrar, a través de la
Imagen, una manera fácil de acercarse al Misterio que representa.
En
1.947, se adquirió la actual Imagen de María Stma. de los Dolores,
obra del escultor
D. Antonio Bidón, la cual fue restaurada
en el año 1976 por D. José María Cerero y,
finalmente, ha sido nuevamente restaurada y reencarnada de manera
ciertamente exquisita por el joven artista onubense D. David
Valenciano Larios, el cual ha devuelto a la imagen a su
primitiva concepción artística con un resultado que ha cautivado a
toda la población. Dicha restauración, que hubo de ser atendida con
carácter de muy urgente debido al masivo ataque de xilófagos que
sufrió la imagen, se ha llevado a cabo en el año de dos mil uno,
retornando la imagen a la Iglesia Parroquial días antes de la Semana
Santa.
En
el año de 1.966, la Antigua Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, que
popularmente siempre ha sido conocida como la del “Niño de Dios”, se
fusiona con esta por expreso deseo de sus hermanos, formando ambas a
partir de entonces una misma Corporación, bajo la aprobación del
párroco D. Juan Miguel Rivas de Dios,
en observancia a la fraternidad y vinculación que ambas habían
tenido desde siempre.
Hasta
la década comprendida entre 1965-1975 la Imagen del Dulce Nombre
siguió procesionando por las calles de Escacena, unas veces el
Jueves Santo y otras el Domingo de Ramos. Pero el desarrollo de la
sociedad, que siempre lleva implícita la desaparición de los valores
que hacen posible el mantener vivos los elementos que dotan de
sentido una cofradía en la calle, pasó dejándonos el vacío de la
desaparición de dicha procesión. Es en estos días, cuando la
hermandad vuelve a recobrar una vida mucho mas activa, cuando se
está planteando no solo la posibilidad, sino más bien la necesidad,
de retomar con ilusión la posibilidad de que, en alguna ocasión, se
recupere para Escacena la salida
de la Imagen del Dulce Nombre, como si de una deuda histórica
llamara a nuestros corazones con la fuerza de mas de cuatrocientos
años de vida.
En
1.988, se practicaron obras de restauración en la Capilla donde se
encuentran expuestas al culto nuestras Imágenes Titulares, dentro
del templo parroquial, siendo sufragado el coste de estas por la
devota hermana y benefactora, Dª Carmen Oca Ortega.
En
la Cuaresma de 1.992, esta Hermandad conmemoró el cincuenta
aniversario de la Bendición de la actual Imagen de Ntro. Padre Jesús
Nazareno, para lo cual se celebraron distintos eventos de tipo
religioso, formativos y culturales, que tuvieron gran y
satisfactoria repercusión entre los hermanos y fieles en general.
Esta
Hermandad ha llegado hasta nuestros días como Corporación
emblemática y de gran raigambre religiosa en el pueblo. En la
actualidad, vive una época de florecimiento y esplendor en todos los
ordenes. Las Imágenes Titulares de la Cofradía gozan de singular
devoción y fervor entre el pueblo, especialmente la de Jesús
Nazareno que ha cautivado de manera sublime y con la fuerza de su
atracción, los corazones de los escaceneros. La Hermandad de Jesús,
como popularmente se la nombra, es un ente vivo, referente para
aquéllos “nuevos cofrades” que desean iniciarse en el mundo de las
cofradías y, ante todo, un grupo joven y dinámico que ha sabido
conjugar el legado de la historia con la luz que emana las mas
recientes directrices de la Iglesia, promulgadas en aras de una
nueva época mas real, mas profunda, mas total del cristianismo, la
era del nuevo despertar,
la era de la nueva evangelización.
Recientemente
ha visto aprobados sus nuevos estatutos o reglas, reconociéndose en
ellos por la autoridad eclesial competente la antigüedad y el fervor
que la caracterizan.
BIBLIOGRAFÍA:

Reglas y Archivo de la Hermandad.

Testimonio de 2 de diciembre de 1783,
otorgado por el escribano de Escacena del Campo, Don Francisco
Martínez y Salazar.
Escultura
Mariana Onubense.
Juan Miguel González Jiménez y Don
Manuel Jesús Carrasco Terriza
Excma. Diputación Provincial de Huelva.
1981.
Instituto de Estudios Onubenses “Padre Marchena”
Epítome
historial de los Carmelitas de Andalucía y Murcia.
P. Fray Miguel Rodríguez Carretero. Sevilla, 2000